LE MONDE DIPLOMATIQUE - ENERO 1998 - Página 26


CONTRA EL EMBARGO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL

Programas libres a disposición de todos


Gracias a la investigación pública (militar y civil) nacieron la red Internet en 1969 y la Red en 1989 y gracias a la liberalidad de contribuciones voluntarias, asociadas a cierto espíritu de compartir las cosas, han adquirido vitalidad. Esas tecnologías inicialmente ``abiertas'', han sido en parte captadas por un puñado de industriales. Pero esa concentración no ha frenado la creatividad de programadores voluntarios, que desarrollan, con frecuencia al margen de su ``verdadero trabajo'', toda una galaxia de software. Paradójicamente, esa producción deliberadamente exterior a la economía de mercado es la única que pudiera amenazar a la sociedad Microsoft, porque una utilización habilidosa del derecho de autor sitúa sólidamente esos softwares en el dominio público.


POR BERNARD LANG


El software informático, por esencia inmaterial, coge a contrapié las tradiciones del comercio. Puestos aparte costes de producción y de desarrollo, su producción y su distribución pueden hacerse con un coste marginal casi nulo ---y el desarrollo de Internet no hace más que reforzar esa afirmación. Los grandes editores de software, enfrentados de pronto a la competencia global de microempresas (como las startup de Silicon Valley) o de programadores que ofrecen gratuitamente sus creaciones, buscan preservar sus ganancias y sus rentas monopolísticas (1) con el control de la duplicación y de los standards del digital. Ese fue el objeto de los esfuerzos precipitados por reforzar la legislación sobre la propiedad intelectual (2), intentados en Berna, en diciembre de 1996. Es igualmente el objeto de una actividad técnica intensa dirigida a elaborar procedimientos de marcado y trazado de bienes electrónicos, así como de mecanismos destinados a impedir la reproducción de lo que es por naturaleza reproducible. La energía gastada antes de multiplicar los bienes está consagrada ahora a encontrar los medios de impedir su publicación, lo que obstaculiza la realización eficaz de instrumentos informáticos (3) y pone en peligro la perennidad de los contenidos.

Por supuesto, ese restablecimiento artificial de lo exclusivo ---que entronca con una destrucción voluntaria de recursos--- puede justificarse por las ganancias necesarias para el desarrollo de la tecnología, por la creación de nuevos productos o por la mejora de los que existen, y por los empleos creados así. Conviene sin embargo comparar ese discurso con la rentabilidad fabulosa de las empresas concernidas: Microsoft obtenía, en 1997, 3.500 millones de dólares de beneficios por una cifra de negocios de 11.400 millones de dólares... y 22.300 empleos directos. Y lo que es más, el crecimiento brutal del sector de tecnologías de la información y de la comunicación tiene como motores a Internet y la Red... que no deben nada, o muy poco, a la economía de mercado (4).

Para la industria del Softwre, los mecanismos de libre concurrencia económica desempeñan un papel ambiguo. En efecto, el software comercializado industrialmente se difunde bajo una forma directamente explotable por el ordenador (código ejecutable), pero sin ninguna de las informaciones (código, fuente y documentación) que permiten modificarlos, adaptarlos a otras máquinas y a otros usos, hacerles más fiables, o corregir los errores siempre presentes. Y, además, las licencias de utilización prohiben expresamente tales modificaciones. Eso priva a las empresas o a las organizaciones clientes del control del mantenimiento del software, de su perennidad y de su adaptación a las necesidades. Pero esos son frecuentemente factores críticos para el funcionamiento de esas empresas, y sobre todo para su estrategia cuando esos softwares están integrados en sus productos o servicios. La mundialización del mercado del software, las propiedades específicas de los bienes inmateriales, y sobre todo el control legal o técnico de los standards, en especial por las interfaces funcionales del software y la representación de la información, conducen ineluctablemente a una concentración monopolística. No sólo son dependientes las empress clientes, sino que no son más que una solución de recambio.

El proveedor, sin concurrencia, está por tanto menos motivado para satisfacer las necesidades específicas de sus clientes. Todo un sector de la tecnología puede caer bajo el control de una sociedad (o de un pequeño grupo de sociedades). La enseñanza y la investigación son igualmente concernidos por la unicidad de la oferta de software y el control de las informaciones indispensables para los investigadores.

La ecología de las ideas y de las técnicas obedece a las mismas leyes que las de los seres vivos. La casi unicidad de las soluciones presenta varios peligros. El pequeño número de empresas productoras disminuye en proporción la cantidad y especialmente la variedad de las investigaciones y como consecuencia el progreso técnico. La evolución concurrencial, indispensable para evitar las vías muertas tecnológicas, se debilita o desaparece. La carencia de diversidad hace más vulnerable el tejido tecnológico a las agresiones, de las que los virus informáticos no son más que un ejemplo.

Un leitmotiv del pensamiento llamado liberal es la falta de solución de recambio a la economía de mercado. En el caso del software, no hay nada más falso. Porque se perfila ya otra vía. Aunque la timidez de las empresas ante este cambio es comprensible, el black-out (el silencio) casi total de los medios de comunicación respecto a ese fenómeno económico nuevo y masivo es menos explicable.

Esa búsqueda de otra vía fue emprendida a principios de los años ochenta por Richard Stallman, entonces investigador en el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), y puesta en práctica con la creación de la Free Software Foundation (5), después por varias sociedades. La intención inicial era crear softwares libres (freeware) que, como las ideas, estarían a disposición de todos, siguiendo en eso la filosofía de Pasteur, Jefferson y tantos otros. Para evitar que cualquiera pudiese acaparar esos softwares libres, Richard Stallman utilizó al revés el derecho de autor popularizando un nuevo tipo de licencia, denomminada ``licencia pública general'', que proteja un software contra todo bloqueo técnico o legal de su utilización, de su difusión y de su modificación (6).

Al estar disponibles las informaciones necesarias, se desarrolla en libertad una producción considerable y variada de software. Bajo el influjo de esta licencia, cada uno puede adaptar o mejorar los softwares a su conveniencia, y redistribuirlos, gratuitamente o no, pero sin control de la distribución por terceros. Y, conforme al credo liberal, esa libre concurrencia tiene un efecto extremadamente positivo sobre la cantidad y la calidad de los softwares producidos. Pero la economía monetaria desempeña sólo un papel reducido.

El producto más visible de esa economía es un sistema de explotación del software necesario para el funcionamiento de todo ordenador, denominado Linux, que ofrece las funcionalidades de base a los usuarios (manejo de archivos, visualización de datos, tratamiento de textos, conexión a las redes...), cuyo desarrollo se ha iniciado en 1991 bajo el impulso de un estudiante finlandés, Linus Torvalds. Aprovechándose de las contribuciones concurrenciales de un ejército internacional de expertos benévolos, ligados por la red Internet, el desarrollo de Linux se ha autoorganizado como una inmensa empresa sin muros, sin accionistas, sin salarios, sin publicidad y sin rentas. La difusión de Linux hasta ahora se estima en 5 ó 6 millones de instalaciones, con una utilización industrial en aumento. Es un mercado de tamaño comparable al de Apple, pero que goza de un crecimiento superior.

Diversos estudios muestran que esos softwares son, desde todos los puntos de vista, competitivos con las producciones comerciales. Eso está además testificado por su penetración, su infiltración en la actividad económica. El ejemplo más significativo es sin duda Internet que, si se le borrase ese software, desaparecería casi totalmente (7).

La dependencia tecnológica y económica respecto a los proveedores está eliminada o muy atenuada. La perennidad de los productos, su evolución y su adaptación, así como la asistencia a los usuarios, están mejor garantizados por la presencia, la actividad y la estabilidad de una gran masa de usuarios y de programadores que por las estrategias imprevisibles de los grandes editores informáticos. La libre disposición de todos los recursos de desarrollo permite comprar a especialistas cualquier garantía, cualquier servicio complementario necesario.

Hemiplejia del liberalismo económico

TÉCNICAMENTE, el software libre es una solución creíble y ya probada. Además suscita actividades económicas nuevas y por tanto empleos, desarrollando los servicios y el trabajo a destajo, alentando una producción comercial complementaria y concurrente, y sobre todo reforzando a las empresas tecnológicas con la aportación de recursos gratuitos, independientes, controlados y de calidad (8). El desarrollo del software libre reemplaza a una actividad comercial centralizada (y monopolística) de edición cuya protección ahoga finalmente el desarrollo económico y técnico y que es muy poco creadora de empleos, por una actividad comercial de servicios más creadora de empleos descentralizados y más concurrencial; además, al tener una mayor fluidez tecnológica, favorece la creación de empresas nuevas. En el Sur, la disponibilidad de recursos libres y gratuitos permite un desarrollo tecnológico independiente.

El desarrollo del software es de la misma naturaleza que el de las teorías matemáticas (9). Pero la ciencia en general, y las matemáticas en particular, se acomodan mal al secreto y a las barreras que son el pan cotidiano de los desarrollos industriales. Las buenas especificaciones (definiciones) y las buenas realizaciones (explicaciones, demostraciones) se elaboran sólo lentamente por un desarrollo social abierto de evaluación, de confrontación y de colaboración. Que Linux, aunque sea más joven, sea un sistema mejor que Windows NT, el software faro del principal editor del planeta, no es pues muy sorprendente. Cabe preguntarse, sin convertirlo en exclusiva, si el entorno industrial clásico es el más apropiado para desarrollar las tecnologías de lo inmaterial. Los bienes de consumo (películas, música, novelas) y los bienes de producción (softwares, artículos científicos) tienen papeles económicos y sociales muy diferentes. Es absurdo aplicarles legislaciones y protecciones idénticas. El liberalismo económico está hemipléjico. Justifica la desaparición de muchas barreras, entre ellas las destinadas a proteger a los individuos, y debilita la soberanía de los Estados, por la necesidad de una mayor fluidez de la economía. Pero al mismo tiempo establece, por el abuso de los copyrights y de las patentes, por la falta de respeto a los standards, por el control de los propietarios de interfaces, por el secreto industrial y por la búsqueda de monopolios, barreras mucho más nocivas para el progreso económico y técnico y para la creación de empleos útiles.

BERNARD LANG



(1) Léase a Ralph Nader y James Love, « Microsoft, monopolio del próximo siglo ? », Le Monde diplomatique, edicin espaola, noviembre de 1997.
(2) Pamela Samuelson, « On Authors' Rights in Cyberspace », First Monday, Copenhague, vol. 1, no 4, octubre, 1996. http://www.firstmonday.dk. Léase igualmente Philippe Quéau, « Ofensiva insidiosa contra el derecho del público a información », Le Monde diplomatique, edición española, febrero de 1997.
(3) Richard Stallman, « Copywrong », Wired, San Francisco, juillet-août 1993. http://www.wired.com/wired/1.3/
(4) Hervé Le Crosnier, « L'économie de l'information dans le contexte des nouvelles technologies », Journée d'étude sur « L'information du domaine public à l'heure d'Internet et du numérique », 18 de junio de 1997, Paris. http://www.info.unicaen.fr/herve/pub97/juin/
(5) http://www.gnu.org/fsf/
(6) FSF : GNU General Public License (GPL). http://www.gnu.ai.mit.edu/copyleft/gpl.html
(7) Keith W. Porterfield, « Information Wants to be Valuable », NetAction Notes, no26, 3 septiembre 1997, San Francisco, California. http://www.netaction.org/articles/freesoft.html
(8) El software libre es utilizado en numerosas aplicaciones en donde la fiabilidad es crítica : control de experiencias embarcadas en la lanzadera espacial (NASA), robótica industrial (Lectra-Systèmes, Francia), control de funcionamiento de ascensores (Fujitec, Japón), sistemas de mando en el ejército norteamericano, distribución de carburante (Schlumberger, Estados Unidos), etc. La revista Linux Journal,, Seattle, Washington, da cuenta de ese tipo de aplicaciones industriales. http://www.linuxjournal.com
(9) William A. Howard, « The formulae-as-types notion of construction », en To Haskell Brooks Curry : Essays on Combinatory Logic, Lambda Calculus and Formalism, Jonathan Paul Seldin y James Roger Hindley, Academic Press, 1980.


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